La intensidad y expresividad del flamenco lo ha llevado a ser declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2010, un reconocimiento que busca proteger y celebrar una potente expresión artística que ya abandonó su Andalucía de origen para recorrer el mundo y dejar huellas profundas.

En ese tránsito, recibe, alberga y se vincula con otros géneros musicales, en un diálogo intergeneracional que vincula la tradición con lo nuevo, al recibir distintos aportes que -en vez de desnaturalizarlo- lo hacen crecer y dialogar con otros ritmos, según la mirada experta de Lydia Martín.

La cantaora será el eje del tablao que tendrá lugar desde las 20 en El Círculo de la Prensa (Mendoza 240). De esta propuesta participarán además el cubano Allier Díaz Ferrer en guitarra y los argentinos Daniela Ojeda y Maxi Vergara en el baile, para recorrer los diferentes palos que conforman el género español.

“Su sentir va más allá de la geografía -aclara Martín, en diálogo con LA GACETA-, porque las temáticas que aborda el flamenco -el dolor, la alegría, la pérdida- son universales y alcanzan a todo el mundo”.

Nacida en Sevilla y radicada desde hace tiempo en Chile, la cantaora desarrolla proyectos de investigación que exploran las vinculaciones entre la memoria, el territorio y la música, junto a nuevas búsquedas sonoras y el dictado de clases y capacitaciones, aparte de participar en espectáculos.

- ¿Cómo se gestó esta visita a Tucumán?

- Nació desde las ganas profundas de compartir y tender puentes. Cuando surgen sinergias con artistas locales que empujan con tanta pasión, el viaje se vuelve orgánico. Tengo las mejores expectativas: voy con el corazón abierto para entregar mi cante y vibrar con un público que sé que es de una calidez inmensa.

“Renacer” es el flamenco llevado a la vida cotidiana

- ¿Qué conoces del flamenco en el interior argentino?

- Sé que es fuerte y federal. En Tucumán hay una tradición cultural riquísima; conozco la rigurosidad y el enorme esfuerzo de sus maestros y artistas. Mantener vivo el arte a miles de kilómetros de España requiere una afición pura y resistente. Vengo a sumarme a ese latido que ya existe.

- ¿Hay un aporte joven que lo está revitalizando?

- Está en un momento vibrante. Hay una generación joven que viene con un respeto absoluto por la tradición, pero sin miedo al futuro. Traen las vivencias de hoy y no tienen prejuicios, lo que hace que siga siendo un arte contemporáneo, vivo y no una pieza de museo.

- ¿Qué implica la fusión con otros estilos musicales?

- Lo enriquecen. El flamenco es, en su origen, un arte de fusión. Tiene una raíz tan profunda y una estructura tan sólida que es imposible jaquearlo. Cuando un músico se acerca al género con honestidad y respeto, el flamenco no se diluye, se expande.

- ¿Qué rol cumple la masificación que puede lograr Rosalía, por ejemplo, en ciertos mercados?

- Cumple un rol de portal. Abre una puerta gigante allí donde no se escuchaba. Quizás un joven llega a ella por el pop urbano y, por curiosidad, termina buscando a Camarón de la Isla o a La Niña de los Peines. Todo lo que acerque oídos a la estética flamenca es bienvenido.

- La Argentina siempre abrevó en el flamenco tradicional, ¿hay espacio para sumar miradas locales?

- No solo hay espacio, es el camino natural. La Argentina tiene una identidad musical colosal -el tango, el folclore- que dialoga perfecto con el flamenco por su carga emocional. Cuando un artista local canta desde su propio paisaje y vivencias, el arte gana una verdad nueva.

- ¿Cómo está evolucionando el cante?

- Cambia en sus texturas y en su flexibilidad, adaptándose a la sensibilidad del siglo XXI. Hoy se exploran dinámicas de voz distintas y estructuras nuevas gracias al acceso a más información musical, pero el cante mantiene intacta la misma médula: la búsqueda de la verdad.

“Mujeres de fuego” que expresan su pasión a través del arte flamenco

- ¿Con quiénes te sientes identificada?

- Me identifico plenamente con el flamenco tradicional y de raíz. Estudio muchísimo las fuentes y los pilares del cante, como La Niña de los Peines, Antonio Mairena o Fernanda de Utrera, entre muchos ellos... Me inspira la pureza, el peso de la historia y esa forma de cantar donde la técnica se rinde ante la honestidad y el desgarro. Ahí es donde me encuentro.